18 julio 2007

el verano

Desde que me dejaste sin habla, no has vuelto a decir nada. Ni una palabra, ni una imagen, ni los tres puntos suspensivos. Nada.

Debe ser porque estamos en verano y estás en uno de esos campos de trabajo a los que sueles ir... Estoy entrando ahora mismo en una casa-palacio cerca de la calle de la Amargura para acompañarte. ¿A qué pueblo vas a ir? ¿A Amurrio? ¿A Oñate? No recuerdo el nombre del pueblo, pero sí recuerdo bien que no me gustan nada los masajes nocturnos que os dais los unos a los otros. Malditos celos. Maldito verano.

Cuando el verano se acabe, volverás con las marcas blancas del bikini y tendré aquella extraña sensación de que la verdad está en el otro lado, de que lo cierto es lo que escribo y no lo que vivo. Tus labios estarán salados como el mar.